Bibliotecar en cuarentena, entre Paternal y Carrillo
- Tema Libre
- 5 ago 2020
- 10 Min. de lectura
-¿Marinés me podés contar un cuentito? -pide una vocecita en un audio de WhatsApp. Apenas pasan unos segundos e insite:
-¿Me lo contás ahora Marinés por favor? – y aunque estoy en la cocina de mi casa de Paternal, me siento por un momento en el Barrio Ramón Carrillo de Villa Soldati.

Porque ese pedido tiene que ver con una de las claves de la Biblioteca Popular "Por caminos de libros", donde trabajo: la disponibilidad para compartir lecturas.
En ninguna planificación AP (Antes de la Pandemia) figuraba la mediación de lectura en estos términos. Nuestra biblioteca es un espacio de encuentro entre personas y libros, pero más aún: un espacio de encuentro entre personas, en torno a los libros.
¿Cómo es entonces que algo como leer por teléfono se volvió tan vital para que la biblio siguiera latiendo?
En un comienzo, simplemente seguimos las indicaciones: quince días de pausa en función del cuidado colectivo. Significaba frenar y esperar, para después seguir. Pero conforme se iba estirando indefinidamente la cuarentena, fuimos ubicándonos en estas coordenadas en las que nos toca trabajar. Aunque no alcanzamos soluciones acabadas para los problemas que nos desafían desde que ejercemos nuestros roles fuera de su paisaje natural, vamos construyendo algunas posibilidades de seguir haciéndolo.
En una conversación acerca de cómo fuimos adaptando nuestras prácticas al contexto escuché a Ángeles Larcade Posse usar una expresión acuñada en la organización social y política "Los pibes", en la que ella milita y es referente del proyecto "Donde viven los libros": "estamos navegando y haciendo el barco al mismo tiempo”, dijo. Poderosa imagen para explicar cómo en su dinámica de trabajo colectivo, se van construyendo las herramientas de la práctica mientras se atienden urgencias y emergencias que en estos tiempos pasan prioritariamente por la asistencia en las necesidades más básicas de alimento y salud. Las organizaciones sociales de base no han podido detenerse en su hacer, sino todo lo contrario. Pero de ningún modo esto quita lugar a la lectura de las propias prácticas. En todo caso, como Ángeles dice, se trata de “reflexión en la acción”, pensar al tiempo del hacer.
En eso estamos desde marzo.

Uno de los primeros impulsos que tuve como bibliotecaria, fue convocar a otrxs mediadores de lectura de muy diversos espacios -bibliotecas, centros de salud, hospitales, organizaciones comunitarias y sociales- para conformar un grupo de intercambio en donde pudiéramos reconocernos, compartir reflexiones y estrategias acerca de cómo estamos reformulando y sosteniendo nuestras propuestas y nuestros roles en la mediación de lectura en este contexto.
En este grupo pude ir poniendo en palabras algunas inquietudes, que escribí en el siguiente texto y que rápidamente comenzó a circular y nos convocó a entrar en diálogo y cruzar miradas.
Del tsunami de recursos al vasito de agua
Eran todavía los primeros días de la cuarentena cuando empezaron a brotar por todas partes fuentes de recomendaciones: los libros que no podés dejar de leer, las películas que no podés perderte, las creativas propuestas plásticas que tenés que hacer con tus hijes, las canciones que no deberías dejar de escuchar, los geniales juguetes que podrías construir con lo que hay en casa, los tutoriales que hay que seguir para estar en onda…..ufff.
Entonces para mí –lo confieso- se me hizo que esas fuentes se convertían rápidamente en ríos caudalosos, en torrentes que arrastran, en tormentas de gente leyendo libros enteros bibliotecas completas para descargar juegos canciones recetas museos para visitar desde a compu instrucciones para lo imaginable y lo inimaginable (la falta de puntuación en esta lista es a conciencia, tiene que ver con las sensaciones que tuve).
Encima, la culpa: ¿Cómo podría rechazar tan amorosas, tan creativas y voluntariosas propuestas?
Más la pregunta: ¿y si no hago todas estas hermosuras me quedo afuera? ¿De qué?
Reconozco que tiene que ver con mi incapacidad para saber servirme de allí lo que me viniera bien, en lugar de sentir cierto fastidio y saturación ante ese mar de ofertas culturales que por algún motivo no me convencía del todo.
Como esos mensajes whatssaperos en cadena que pierden todo atisbo de dedicatoria singular y terminan diciendo nada….a todes.
Con el Tiempo, bendito acomodador de algunos sentipensares, pude reconocer lo que me estaba pasando y que tenía que ver justamente, con mi rol como bibliotecaria.
Porque además rápidamente también surgieron las nuevas necesidades: recursos para poder subir a páginas de Facebook, padlets, plataformas educativas… el nuevo escenario de la escolaridad y de la educación en un sentido más amplio. Incluyendo para muchxs trabajadorxs la tensión entre el deber de “no dejar de hacer” y “no saber hacer” mucho de lo que la virtualidad requiere.
Recién a la tercera semana de la cuarentena, pude grabar un poema muy querido para nosotres en la biblioteca de Carrillo y subirlo a nuestra página. Fue el tiempo que me llevó decantar esa sensación que tenía de no saber hacer otra cosa que bibliotecar en vivo.
Y ya sé que no existe la palabra bibliotecar. Pero la necesitaba, así que me la inventé.
Sería la expresión que va más allá de un montón de acciones que sí pueden nombrarse: seleccionar, ordenar, catalogar, clasificar, planificar, leer, escribir…. Ni aunque agregara cien verbos más conseguiría dar cuenta de lo que bibliotecar significa para mí. Tal vez tenga más que ver con el modo de hacerlo que con las tareas concretas que implica el rol.
Por eso es que ando preguntándome acerca de cómo estamos reinventando y ejerciendo nuestros modos de asumir la mediación de lectura en los espacios en los que trabajamos: bibliotecas, escuelas, centros de salud, hospitales, espacios comunitarios, multiplicidad de escenarios donde la lectura puede suceder.
Sobre todo atendiendo a que la entrada al mar de recursos informáticos implica por definición contar con computadora, teléfono, internet….y ese acceso no está garantizado para las familias con las que queremos comunicarnos y compartirlos.
Por otra parte, para muchxs de nosotrxs la manera de mediar lectura suponía poner el cuerpo en el hacer. Incluía la materialidad del contacto físico directo: desde la voz, la mirada y la escucha, hasta el abrazo. Era físico también el triángulo amoroso entre quien prestaba su voz a la lectura, el libro y quien que escuchaba. Digo triángulo pensando en el modo en que lo expresó Yolanda Reyes, pero incluyo la idea de rondas, de montoncitos de personas encontrándose en torno a los libros.
¡Los libros! Encima son objetos. Y la circulación de objetos en este contexto de pandemia está observada, hay que tener cuidado colectivo, responsabilidad social. Nadie quiere que la circulación abra la posibilidad de contagios.
Es decir: la materialidad en relación a la lectura-materialidad que era imprescindible en nuestro modo de trabajar-está en cuestión.
Claro que queda fuera de discusión la bienvenida que le damos a la tecnología cuando nos permite seguir vinculándonos de alguna manera con lxs destinatarixs de nuestras tareas. Fuera de discusión queda también que unas cosas no reemplazan a las otras.
Por eso es que me pregunto más acerca de los modos de hacer que de los recursos. Creo que abundan ideas y propuestas interesantes en múltiples formatos.
Ahora, lo que me gustaría cuidar, es la singularidad de los vínculos. No generar maremotos de cosas para ver, escuchar, hacer, pintar, armar….no quisiera que las personas se sintieran ahogadas por lo mucho, sino tenidas en cuenta por lo poco, por lo elegido y dedicado.
Se me ocurre pensar que lo que intento es poder pararme frente al tsunami de recursos, a la orillita más tranquila de este río caudaloso y servir con mi mano un vasito de su agua para entregar con mi mano a quien necesite beberla. Como si de mano en mano pasara el vasito servido, mirando a los ojos de quién lo recibe.
(mayo de 2020)
Las principales inquietudes tenían que ver entonces con la intención de cuidar la singularidad de los vínculos y con brecha entre disponibilidad y acceso en relación con los recursos informáticos.
Aidan Chambers en su libro El ambiente de la lectura (FCE 2007) habla de la diferencia entre disponibilidad y acceso, refiriéndose a la existencia de libros de un aula o biblioteca en relación con la manera en que la están dispuestos para el público. Libros guardados en armarios bajo llave o libros exhibidos y al alcance de la mano, determinan posibilidades muy diferentes de encuentro con lxs lectorxs. En tanto la primera opción requiere siempre de un permiso, de una habilitación por parte de quien tiene el poder de abrir esos armarios, en la opción del acceso directo, más autónomo, hay un margen de acción para ejercer la libertad de curiosear, hojear, de dar cabida a encuentros azarosos con libros inesperados.
Hoy, pensar la relación entre disponibilidad y acceso a textos en distintos formatos y soportes, implica reconocer la brecha tecnológica. Que haya bibliotecas virtuales enteras disponibles en la red, no significa que sean accesibles a todas las personas. Y no sólo es una cuestión de conectividad. Sino de recorridos de lectura singulares, de los distintos niveles de autonomía de lxs lectorxs para manejarse en medios virtuales. Y del deseo, por supuesto. De las maneras en que preferimos o nos gusta compartir lecturas.
Pese a la distancia, por más que ahora escriba desde Paternal y la biblioteca esté en Villa Soldati y por ahora siga cerrada al público, resulta indispensable seguir pensando en nuestras prácticas situadas.

Entre las propuestas que sí pudimos desarrollar en este contexto, incluso motivadas por las limitaciones del aislamiento social preventivo y obligatorio, está la Colección Mientras dure la distancia. Ante la imposibilidad de sostener la circulación de libros, generamos una serie de producciones artesanales que pudieran acompañar la entrega de alimentos : minilibros, juegos en papel, cartas para inventar historias, con la idea de acompañar los típicos bolsones de mercadería con algo de palabra literaria. Entonces, aprovechamos la organización de estas entregas que se hacen con regularidad en el Centro Educativo Comunitario Ramón Carrillo -Institución donde funciona la biblioteca- para hacer llegar a las familias los ejemplares de esta modesta pero muy simbólica colección. Y es una alegría que además fueran llegando a otros espacios como por ejemplo la escuela del barrio, un jardín de infantes cercano, Centros de salud y acción comunitaria de la zona, el Hospital Piñero, los jardines del Movimiento Popular La Dignidad.
Diría que esta es una propuesta que materializa de algún modo la llegada de la biblioteca a las familias. Materialidad de papelitos. Papelitos cargados de biblioteca. Pequeñeces que caben en un bolsillo. Abrazos de papel.
Por otra parte, participamos de los micros radiales elaborados por lx compañerxs de la radio del Centro Educativo, Radio Integración, que pueden oirse mientras se hace la fila para recibir los bolsones de alimentos. Textos literarios entramados con saludos de lxs docentxs, música, información del Centro de salud y otros decires. Aquí las voces y la palabra literaria formando parte del paisaje sonoro de la veredita del barrio mientras se hace una fila. Palabra literaria que sale al encuentro, que llega a las personas de un modo no convencional e inesperado y se combina con aquello con lo que no siempre combina: el tiempo de espera, el trámite, la búsqueda de alimentos.
Profundizando la intención de entrar en diálogo con los participantes de la biblio más allá del envío generalizado de los minilibros, en junio propusimos sumar al espacio de entrega de alimentos el Buzón de la biblioteca , que no es otras cosa que una caja decorada mediante la que porponemos el intercambio de cartas escritas. Si bien el buzón era algo que ya funcionaba en la biblio, esta reedición de la propuesta estaba motivada por el deseo de comunicación más personal. Cartas manuscritas, con remitentes y destinatarios particulares. Preguntas y respuestas, comentarios y dibujos en los que subyace el tiempo de la escritura con el pensamiento dedicado a cada persona a la que nos dirigimos. Una propuesta como esta se sostiene gracias a docentxs del Centro Educativo que llevan y traen el buzón desde mi casa hasta Carrillo ida y vuelta.

En cuanto a las publicaciones en la página de Facebook de la biblioteca, siguen sin ser nuestro fuerte, no somos “publicadores seriales”. No teníamos hasta aquí desarrollado el tema ni lo percibíamos como una necesidad prioritaria. Sin embargo, fuimos publicando algunas cosas. Pero no subimos libros digitalizados por ejemplo. Más bien nos asomamos a esa ventana virtual leyendo o narrando a modo de saludo, como quierendo llegar en persona con la mirada y la voz, a encontrarnos con nuestxs amigxs.
La gran mayoría de las repuestas son de personas que quieren mucho a la biblio pero no son vecinxs del barrio. Visitan nuestra página desde lugares alejadísimos, incluso desde otros países. De modo que podemos valorar esta herramienta como posibilidad de difusión de nuestro trabajo, pero no es ese el afán que nos mueve. Por eso seguimos buscando maneras de entrar en contacto más directo con los participantes de la biblio.
Y aquí aparece el teléfono como protagonista.
Porque atendemos consultas por teléfono.
Claudia Stella sostiene el taller de Narración oral "Contar la vida" por teléfono.
Por teléfono enviamos audios y videos con lecturas a pedido de docentes y referentes de otros espacios que cuentan con la biblio desde hace años.
Lejos, lejísimo estamos de tener por este medio el alcance que tenemos cuando la biblioteca está abierta, porque cotidianamente venían decenas de personas y cientos y cientos llegaban en visitas organizadas.
Tampoco se trata de crear un grupo de difusión por whatsapp con los más de quinientos participantes de la biblio. En nuestro espacio la lectura aparece como invitación más que como imposición y la mediación como acompañamiento en la construcción de los caminos lectores singulares. Hay un cuidado con el tema de las actividades y las consignas que podría merecer un capítulo aparte. Aquí simplemente diré que no está en nuestra voluntad sumar “cosas para hacer” desde los teléfonos. Teléfonos que consumen datos, que implican todo un gasto en el presupuesto familiar y que son muy compartidos en cada casa.
Reformular la idea de disponibilidad en este contexto va encontrando una manera posible en los diálogos telefónicos. Llaman para pedir. Llamamos para ofrecer. Conversamos.
He tenido, conversaciones con una niña que incluían lecturas, canciones e imágenes en una y otra dirección, incluyendo poemas de su autoría y la mía. Se parecía a ese entramado de diálogos y lecturas que se da en vivo en la biblioteca. Potentes experiencias de encuentro entre lectoras. Apenas un ejemplo acerca de cómo seguimos buscando la manera de “ofrecer biblioteca” a la comunidad de Carrillo y más allá.
Pensar las propias prácticas junto a otrxs, seguirá siendo indispensable. Como ahora, que para cerrar este texto elijo traer la voz de Cecilia Bajour. Con ella conversábamos acerca de la proliferación de “recursos” vinculados a la lectura, de la generalización y de la necesidad de singularizar para sostener los vínculos con las personas. Cecilia había posteado acerca de una de una tertulia por internet compartida con David Le Breton:
"(...) me quedó reverberando la distinción que hizo entre comunicación y conversación. La comunicación (ese fluido constante de información de diverso tipo en las redes en estos días) explota en un contexto de aislamiento, dijo. La conversación, las voces, los rostros, el decir o callar mirándonos es otra cosa.
Su deseo es que la conversación no se destruya por el imperio indiscriminado de la comunicación. Me sumo a ese deseo”.
Tal vez con ese deseo tiene que ver esta hojita que tengo en mi agenda con el título “Qué para quién” donde voy anotando los nombres de las personas con las que hablo y los textos que vamos compartiendo. Eso se parece más a la artesanía de nuestro hacer en vivo. Es una forma de traducir ese deseo de Le Breton, de Cecilia y de las tantísimas personas que en esa misma búsqueda andamos.

María Inés Gómez
Estudiaba para ser maestra cuando conoció el barrio Ramón Carrillo y su gente, el Centro Educativo Comunitario y la Biblioteca Popular. Todo cambió: con tal de poder quedarse a trabajar allí, aceptó ser becaria de la CONABIP (Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares) y estudiar bibliotecología. Hoy es la profesión que elige entre todas. Sobre todo en relación a la mediación de lectura, lo que la trae desde hace años estudiando acerca de Literatura Infantil y Juvenil.
Un emprendimiento muy inteligente pues busca el objetivo y muy cálida en el sentido que continúan las miradas, los abrazos, el puente entre ustedes y las letras. Hermoso.
Nosotros desde el hospital del niño de San Justo hacemos acercamientos a la distancia pues no pueden entrar papeles y el ingreso está restringido. Ponemos la comunicación en instagram #dame.un.cuento, en la filmación de videos e interviniendo a través de las maestras hospitalarias.
Gracias por compartir este espacio Marinés y seguiremos colaborándonos .Besos y abrazo muy amoroso